Adulterio mirar boquiabierto

adulterio mirar boquiabierto

Lo que tanto intrigaba a Ernesto, sale a la luz: Un pequeño salón, íntimo y acogedor, puesto con esmero, riqueza y buen gusto, en un suntuoso hotel particular enclavado en un elegante barrio residencial de las afueras. En el jardín se advierten muchas plantas verdes. En esta zona de la izquierda, muy en primer término, hay dos sillones. Son las diez de una noche de primavera. Es un viejecito terriblemente desaliñado.

Trae entre las manos un estetoscopio, todavía desplegado, con el que, sin duda, acaba de auscultar a alguien. Parece un poco intrigado. Y los tres a un tiempo: Quiero decir que si padece alguna enfermedad crónica Bueno, el reuma, un poco de gota Como todo el mundo. Discutiendo, lo que se dice discutiendo Todo el mundo tiene derecho a discutir.

Porque teníamos la razón. Probablemente, en medio de esa violenta discusión que ustedes sostuvieron, ocurrió algo que a él le produjo una fuerte impresión Yo, ahora, no puedo recordar. Y a los pocos minutos llegaba yo Es que estamos muy bien organizados Los tres van contentísimos.

Entran los tres en la habitación. Y se oyen sus voces. Habla, Ernesto, di algo Un largo y profundo silencio. Nunca le he visto así. Es la primera vez que le oigo decir palabrotas Tiene usted que perdonarnos. Resulta que cuando usted llegó, con el susto y las prisas y todo el jaleo, ni siquiera nos hemos presentado Ya, ya me había figurado yo A sus pies, señora Debo advertirle que Jorge y Rosalía, este matrimonio encantador, son nuestros mejores amigos Él es un hombre extraordinario: No me diga que no, porque Rosalía le gusta a todo el mundo Pero qué cosas dices Pero qué tercos y qué rebeldes y qué indómitos son los hombres Luego recoge su estetoscopio, que guarda en un viejo maletín.

Es un hombre en plena madurez, que ahora aparece muy fatigado. Se queda allí quieto, un instante, junto a la puerta. No ha sido nada. Vivimos todos en un torbellino, en una pura tensión.

Eso, tan cantado y tan maravilloso. Hace muchos años, cuando yo era todavía un muchacho lleno de alegría y cargado de esperanzas, me decía a mí mismo que, en efecto, ser hombre es algo muy importante. A mí me gusta Esto sí que es gracioso. Todavía no he empezado a confesarme con usted y ya estoy intentando justificarme.

Y ni corto ni perezoso, muy asustado, inicia la escapada hacia el fondo. Usted no me necesita. Le ruego que no se vaya Si usted se empeña, me sentaré Pero si nos acabamos de conocer Le digo que no importa Y dice, de pronto, con otro tono, con una nueva ternura. Me siento solo, muy solo, espantosamente solo. Por eso tengo que justificarme ante usted. Por eso quiero que usted me oiga, me comprenda y, si es posible, me disculpe.

Porque el azar ha querido que esta noche sea usted el otro. Ese otro que todos soñamos cuando el aire de la soledad se hace irrespirable. No puedo seguir hablando a solas, doctor. Es terrible tener que oírse a uno mismo: Necesito un interlocutor que me escuche. Entonces, hable de una vez. Ante todo, permítame que me presente. Pero es la antorcha, mi antorcha.

Exactamente, en el cincuenta y uno por ciento de su valor. El resto se reparte entre una muchedumbre de pequeños accionistas que todos juntos no pueden nada ante mí voluntad. Naturalmente, soy rico e influyente. Pesa mucho mi nombre, amigo mío. Por lo menos eso dicen ciertos amigos míos, muy intelectuales, con quienes suelo coincidir en los cócteles.

Desde luego, soy católico. Mis distracciones favoritas son el golf, la caza, el póker, un poco de whisky Desaparece en el jardín. No ponga esa cara de tonto Después de mucho pensarlo, Rosalía, Jorge y yo hemos tomado una decisión. Estamos preocupadísimos por Ernesto.

No me refiero al reuma, ni al hígado, ni a la tensión, ni al estómago, ni a todas esas cosas que realmente tienen muy poca importancia para la salud.

Se calla con cierto rubor. No encuentro las palabras adecuadas. Pero es que usted no sabe, doctor. Esta tarde, hace unos momentos, aquí mismo, entre nosotros, el pobre Ernesto se ha portado de un modo tan increíble, tan absurdo y tan disparatado En los Estados Unidos, por ejemplo, todo el mundo llama al psiquiatra. Pero loco, loco de remate.

Llega al despacho y empieza el baile de los millones: Un juego de manos. Él hace y deshace como un prestidigitador. Y juega un ratito al golf. Después, claro, el almuerzo. Él siempre almuerza fuera de casa. Pues éste, éste es el hombre que quiere cambiar la vida En este momento, JORGE , que estaba mirando por la entrada de la terraza hacia el jardín, se alarma muchísimo.

Pero desde allí se vuelve. Todavía tenemos mucho que hablar. Y se pone en pie, muy resuelto. Muy aprisa, recupera su maletín y escapa hacia el fondo. Cuando se lo cuente a mi mujer Y con un suspiro marcha, despacito, hacia su sillón. Va usted a saberlo todo. No le ocultaré nada. Ni una palabra, ni un pensamiento.

Mira en torno despacio. Recuerdo que ya era de noche. Yo había llegado a casa un poco antes de lo acostumbrado. Y de pronto apareció mi mujer Viene de la calle, con su ligero abriguito, su bolso, sus guantes.

Ella va hacia él y le besa superficialmente en una mejilla. Yo vengo molida, casi sin respiración, resoplando como un caballo, hecha un asco. Desde hace tres horas estoy recorriendo Madrid a pie. Ella siempre es así: De vez en cuanto, en los ratos libres, compra antigüedades y cuadros abstractos. Ya se ha despojado de su abriguito y de sus guantes. Esta mañana, en la peluquería, me encontré con Asunción Mendoza.

En estos tiempos hazte cargo, cuando todo el mundo tiene una casa en Marbella, un piso una Puerta de Hierro y una finca en la Costa Brava. Dicen que su marido tiene un lío. En realidad no sé por qué te hago esa pregunta.

Y se va por la puerta de la derecha. Una pregunta antes de seguir adelante: Se llama Mónica y es la modelo de un modista francés Yo a Dios gracias, estoy chapado a la antigua y en cuestiones de moral soy intransigente. Por eso del adulterio no paso. No se puede jugar con el matrimonio que es algo sagrado, amigo mío, muy sagrado Le rodea el cuello con los brazos y le besa enamoradísima. Ella, entre tanto, presurosa, mira por una y otra puerta.

Es que Rosalía es mi amante Como todo el mundo La vida de sociedad Pero usted es un depravado. Si se va usted a enfadar por cualquier cosa, me callo Era jueves y te he estado esperando desde las cinco, como todos los jueves. Para que te enteres Pero qué cosas se le ocurren a usted Y ahora tu mujer.

Va, evidentemente, muy enojada. Esta doncella es una intelectual. Se ha pasado la tarde leyendo a Ortega Hay un cortísimo silencio. De cinco a ocho. Me parece que si no renuncia usted a sus principios morales no nos vamos a entender Conmigo no cuente para esta clase de confidencias. Yo soy una persona decente, caballero. Conque este era su problema Nunca, señor mío, nunca. Y de pronto se calla. En una brusca transición, muy humilde, en voz muy baja.

Una vez estuve a punto, hace muchísimos años. Era una enfermera que trabajaba a mis órdenes en el Sanatorio. Era bonita, bonita y coqueta y graciosa de verdad, la condenada. Me volvió loco, palabra. Kouyou soltó una carcajada — no lo dudo, Hitomi es un poco especial — miraba al frente como debía. No pudo evitar sentirse ofendido, incluso había abierto la boca sin creerlo — vaya, de verdad la amas — se cruzó de brazos.

Por primera vez Kouyou se giró a verlo — voy a casarme con ella, se supone que debo amarla — le dijo como si fuera obvio. Aoi torció la boca — sí bueno, también puede ser que no tuvieras alternativa — se alzó de hombros. Ahora sólo se estaba estacionando. Pues asunto arreglado — abrió la puerta y sonó una pequeña campanita. Dejó que el pelinegro pasara primero. El mas alto sonrió y lo despeinó con cariño y antes de que pudieran decir mas, un hombre salió a atenderlos.

Salieron casi una hora y media después, entre los trajes probados y los arreglos que debían hacerse. Supo que antes tocaba en una banda, mientras estaba en la universidad; para el pelinegro era difícil de aceptar que Kouyou fuera mucho mas grande que él, once años para ser exactos. Se quedó sin aliento al sentir la mano de Kouyou rozar su mejilla, sólo fue por un momento pero fue suficiente para que el tiempo se detuviera. Cuando despertó de su ensoñación, ya había arrancado el carro y estaban en camino.

Es decir, era el hombre perfecto; en una sola tarde había logrado conquistarlo y eso era difícil. Sin mencionar que era guapo, entretenido, con un brillante futuro, inteligente….. Estaban afuera de la casa del pelinegro despidiéndose. El otro asintió — mis amigos me dicen Aoi, yo sé que suena raro pero me gustaría que me dijeras así — se alzó de hombros.

Pasaron dos días antes de que Aoi volviera a saber de Uruha. Iba saliendo del colegio junto con Ruki cuando su teléfono comenzó sonar.

La pantalla mostraba un numero que no conocía, miró a su amigo quien lo animó a que contestara. Lo que pasa es que tengo que ir a recoger mi traje y quería saber si me querías acompañar — no había nada de inseguridad en su voz — claro, vamos a comer antes — rió — y si quieres después podemos ir a mi departamento a que te pague las clases de guitarra que te debo — ante todas esas menciones Aoi ya estaba en el cielo — espero que no te moleste pero le pedí permiso a tu madre y me dijo que estaba bien.

Ella me pasó tu numero — dijo esperando que el otro no se enojara. El pelinegro tardó varios segundos en reaccionar — ….. Aoi asintió hasta que se dio cuenta que el castaño no podía verlo — claro…te espero — colgaron después de eso.

El mas bajo abrió la boca incrédulo — te gusta el novio de tu hermana, con el que se va a casar en dos semanas —lo señaló acusadoramente y dio saltitos para burlarse de su amigo. En serio…bueno osea, si me gusta y todo, pero es hetero y….. Estaban parados frente a la entrada del colegio, ya no había nadie — tengo que irme — Ruki le dio una palmada en el brazo a su amigo y se fue despidiéndose desde lejos.

Negó con la cabeza y despertó del trance. La tarde fue poco menos que magnifica, recogieron en menos de media hora el traje del arquitecto, mientras estaban en la tienda el estomago de Aoi comenzó a sonar de hambre; lo que provocó que se sonrojara en extremo y Uruha riera con fuerza.

Y aunque no pareciera nada romantico fueron a comer hamburguesas, algo que le encantó al pelinegro; no había ni un momento de silencio entre ellos y si lo había realmente no resultaba incomodo. Aoi no podía evitar pensar que Uruha era simplemente perfecto, lo miraba con ojos soñadores y ponía atención a cada cosa que decía sobre cualquier cosa. Llegaron por fin al inmenso edifico donde estaba el departamento del castaño, Aoi no podía sentirse mas impresionado, era enorme.

Tan sólo el vestíbulo tenía un increíble recibidor y había empleados por todos lados que saludaban a Uruha inmediatamente que lo veían.

Mientras estaban en el elevador subiendo los doce pisos, pues el departamento estaba en el ultimo piso. Negó con la cabeza — no tanto, pero la compañía paga muchas cosas, es una ventaja — se alzó de hombros — se supone que yo sólo debo preocuparme por mi trabajo y nada mas — explicó cuando las puertas se abrieron.

Era del tamaño de todo el piso, estaba decorado de forma muy moderna en blanco y negro; Aoi se preguntó si había sido el mismo Uruha quien lo había decorado. Aparte de la enorme televisión, detectó los videojuegos esparcidos sobre la mesa de centro de la sala junto con varias latas de cerveza vacías.

Corrió de inmediato y repaso las cuerdas con suavidad. Fueron por el inmenso pasillo hacia una de las habitaciones, la abrió sin cuidad y dejó que Aoi pasara primero. La tomó sin pensarlo — lo siento — dijo devolviéndola casi al instante. Resultó que Uruha era muy buen guitarrista, al principio tocó algunas melodías para Aoi, a quien le fue muy difícil captar todos los movimientos del castaño.

Sin dudarlo el arquitecto se veía increíblemente perfecto tocando. Se sentaron muy cerca uno del otro y Aoi no pudo evitar que su corazón latiera demasiado fuerte o que su respiración se agitara, al menos quería ocultarlo lo suficiente para que el castaño no lo notara. El pelinegro sentía que se iba a desmayar en cualquier momento.

Sintió la respiración del mayor en su cuello y los cabellos de su nuca erizarse. El celular del arquitecto comenzó a sonar de repente y todo contacto se perdió cuando se levantó a contestarlo, de hecho todo el momento se fue a la basura cuando escuchó de quien se trataba — hola cariño…. Como desearía que se acabara de una vez — se calló de repente al darse cuenta que hablaba con el prometido de su hermana y no con Ruki.

Aoi bajó la vista — no quiero que hagas esto sólo porque sea tu culpa — dijo en voz baja y muy avergonzado. Me encanta estar contigo, bueno espero que te diviertas tanto como yo — le sonrió.

No quiero que te aburras — desvió el tema. Sonrió de lado mientras prendía la televisión — hace mucho que no me decían así — le pasó el control y nuevamente lo despeinó con ternura. Se metió a su habitación y salió usando un pantalón deportivo con una playera de tirantes. Examinó la ropa que veía, en su mayoría eran trajes y camisas.

Ciertamente había pocos jeans y playeras, se notaba que no tenía mucho tiempo para estar fuera del trabajo. Acarició someramente la ropa viendo las prendas, que no eran muchas, hasta que se detuvo en una playera negra. Uruha comenzó a respirar agitadamente, no era así como planeaba ver al pelinegro, pero tampoco se estaba quejando. Aoi balanceó la cabeza — ojala no tuviéramos que dormir aun, me la paso bien contigo — dijo haciendo un puchero.

No habían hablado de eso, pero por supuesto que no dudaba que su departamento tuviera habitación de huéspedes, es decir, era enorme.

No supo que decir, dormir en la cama de Uruha, en su almohada, entre sus cobijas. En menos de dos segundos su mente ya estaba revoloteando en fantasías.

No quiero que te sientas incomodo — se separó de la pared. Ahora dormiría con él, lo tendría a lado. Gritaba y saltaba por todos lados dentro de su mente. Aoi asintió y saltó derechito al lado izquierdo, parecía niño chiquito; bueno en realidad aun era un niño. Claro que hablaba de algunas cosas maduramente, pero en otras seguía siendo apenas un chiquillo, eso le causaba ternura al castaño. Era un chico sin duda interesante……. Se metió en las cobijas sacando esos pensamientos de su cabeza, por supuesto que era lindo; pero él se iba a casar con su hermana.

Hitomi, claro que quería a Hitomi; la amaba en su particular forma.

... Pero la verdad es que ella no tiene la culpa. No habían hablado de eso, pero por supuesto que no dudaba que su departamento tuviera habitación de huéspedes, es decir, era enorme. Una nueva sonrisa, casi una sonrisa divertida. Sintió la respiración del mayor en su cuello y los cabellos de su nuca erizarse. Me han dicho que este verano, en Torremolinos, Rosalía se ha portado como una loca Una vez incluso estuve a punto de abandonarte para siempre. Edición y notas de “Historia de un adulterio”: Gregorio Los tres, en pie, en el centro del salón, están mirando muy inquietos, con . está boquiabierto. Ernesto . Es por eso que nuestro gran canal porno gratuito mirar boquiabierto sigue despertando películas de sexo para todos los gustos y aficiones. Tómese su tiempo. Prolapso, Mirar Boquiabierto, Gaping, Disfrutar, Gallo en el Culo, Garganta Profunda Cuernos amas de casa con grandes tetas comete adulterio en la cámara.

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